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Faro de San Vicente

Cabo San Vicente - Portugal

En la zona del Algarve portugués, donde finaliza Europa y se abre inmenso el océano Atlántico, encontramos un lugar de ensueño: el Cabo San Vicente, con altísimos acantilados y pequeñas calas.

Así como en España, concretamente en Galicia, hay un punto que desde la antigüedad se denominaba el Finis Terrae, Finisterre o “el último lugar habitado del mundo”, dicho título también lo disputaba el Cabo de San Vicente.

A comienzos del siglo XVI se construyó una fortaleza y una torre para la defensa de esa zona, que incluía un primitivo faro destruido por el pirata británico Francis Drake. Fue reconstruido, pero el gran terremoto de 1755 lo derribó.

En 1846 comenzó a funcionar uno equipado con 16 candeleros de aceite y reflectores parabólicos de cobre galvanizado en plata. Emitía destellos de luz blanca de dos segundos cada dos minutos, con un alcance medio de seis millas náuticas.

Con este sistema se mantuvo casi sesenta años, cuando fue restaurado, se aumentó la altura de la torre y se colocó un mecanismo complejo que logró una visibilidad de 33 millas náuticas.

Con el transcurso de los años, al Farol do Cabo de São Vicente o Faro de San Vicente, se le han ido realizando mejoras y automatismos, como en 1914 que se instaló una señal sonora, una sirena antiniebla, pero actualmente es telecontrolando desde el cercano faro de Sagres.

Emite un destello de luz blanca de 0,1 segundos de duración cada 5 segundos.

Este es uno de faro más grandes del mundo y recibe miles de visitantes cada año. Cuenta con un pequeño centro de visitas y un museo, pero la torre se encuentra cerrada al público.

Los relatos de quienes han presenciado la puesta de sol junto a esta torre cilíndrica son realmente poéticos, una experiencia que no se borrará de sus retinas en el resto de sus vidas.

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